Y de repente no queda nada de mí. Ese fuego sagrado, luz de
atardeceres con ganas de galopar entre los vientos verdes del monte del azar
fue apagando su chispa e incendiando la ciudad. Encendiendo un fuego aún mas
potente y casi irreconocible. Muy parecido al que fue pero más parecido al que
será.
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario